Entrevista a Mons. José Luis Azuaje Ayala, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de Cáritas América Latina y el Caribe

1.El fenómeno de la migración no es nuevo, pero ¿qué lo diferencia en los actuales momentos, en la actual coyuntura?

Este fenómeno siempre ha existido desde muchos siglos atrás. En la Palabra de Dios se revela que cuando Dios constituyó a Israel como nación, con todo lo que eso implica (gobierno, territorio y población), estableció unas leyes claras acerca de cómo debía ser recibido el extranjero; así lo leemos en

Lev 19,34 “El extranjero que resida con ustedes les será como uno nacido entre ustedes, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fueron ustedes en la tierra de Egipto; yo soy el Señor su Dios”.

Es verdad que las naciones están divididas por fronteras según su composición geográfica. También es verdad que en ellas hay leyes que son regidas por sus gobernantes. La diferencia  en los actuales movimientos migratorios se da por razones forzadas, muchos abandonan su país, y casi siempre para nunca más volver a él. No es un “turismo migratorio” sino una “exclaustración” de su propia patria para entrar en una nueva cultura, economía, realidad política y social.

Uno de los hechos que llama la atención en la acción migratoria es que antes salía un miembro de la familia para para buscar bienestar y desde donde llegaba ayudaba a los otros miembros económicamente a través de las remesas; hoy sale la familia entera, unos primeros que van llevándose a los otros miembros; es una acción comunitaria, familiar en la mayoría de los casos. En años anteriores había migración en América Latina debido a las dictaduras y los procesos de violencia en algunos países; hoy es más por la falta de oportunidades para obtener un desarrollo integral, la pobreza acciona una decisión de migrar hacia otros países que tengan dos condiciones: seguridad personal y jurídica, y oportunidades de trabajo, el resto lo va consiguiendo las personas en las distintas localidades. Otra novedad es que han sido aprobadas distintas leyes y normativas que en años pasados no existían, así como la creación de innumerables organizaciones que velan por los migrantes a nivel internacional. 

La idea para muchos es hacer una nueva vida adaptándose a una nueva cultura y a nuevas leyes. El pensamiento y el deseo no es regresar porque consideran que el país que dejan no reúne las condiciones para vivir con dignidad. Es muy necesario como ciudadanos cuidar y velar por el otro, ayudar en cuanto a la orientación, la actuación de toda persona es el sentido de responsabilidad, ante el fenómeno de las migraciones.

La Iglesia, atenta y solícita a los problemas de la Humanidad, no ha permanecido indiferente ante el problema de la emigración. Durante la guerra y después de ella de una manera especial, en que apareció este fenómeno en la forma más dolorosa y más desordenada, la transmigración de los prófugos, no tardó en interesarse con toda clase de medios a su disposición, como la asistencia caritativa, las intervenciones diplomáticas, las precisiones doctrinales, para temperar los desastres y desórdenes provocados por la emigración violenta, o privada de dirección y ayuda. 

2.¿Cuáles son los retos relacionados con el tema de migrantes y refugiados en América Latina?

Sabiamente el Papa Francisco nos recuerda siempre, que los migrantes no son números: son personas, mujeres, hombres, niños, que tienen un rostro y que a menudo sufren y se descartan. Son rostros humanos en el que reconocemos el de Cristo, al que queremos servir especialmente en los que son más pequeños y están más necesitados” « tuve hambre, tuve sed...tú lo hiciste a mi» (cf. Mt 25).

Nuestro mayor reto es favorecer a las familias migrantes que, a menudo, emigran en la búsqueda de seguridad y de una vida digna, especialmente para los niños. Para ello es necesario activar la legislación internacional para la protección de los migrantes, así como las diferentes legislaciones nacionales del país de salida, así como del país receptor. Un hecho notorio es lo que ha logrado la Iglesia católica, reunir a todas las instituciones que trabajan a favor de los migrantes en una gran red: la Red Clamor. La fuerza está en la comunión y el interés mutuo es favorecer a las personas que se movilizan, cuidar de sus derechos, proteger a los más débiles, denunciar la violación de los derechos humanos de los migrantes y trabajar directamente con ellos. 

América latina es testigo  de que muchos llegan a los países de destino después de haber experimentado violencias y abusos durante el viaje, para enfrentarse luego con nuevas experiencias de miseria y con dificultades antes impensables.  Aquí la Iglesia encuentra su razón de ser? misionera?, porque puede actuar de manera más efectiva. Ante nosotros siempre está la llamada por parte de Dios a atender este fenómeno como uno de los “signos de los tiempos” más exigentes y a su vez mas comprometedor. Es lamentable que nos acostumbremos a ver como peregrinan sin consuelo los que se desplazan o buscan refugio. 

3.- ¿Cómo fortalecer la cultura del encuentro de cara al hecho del fenómeno mundial de refugiados y migraciones forzadas?

El Papa Francisco nos ha dado la clave cuando propuso los cuatro verbos para el migrante: Acoger, proteger, promover e integrar. Cuando estos verbos se accionan dentro de una determinada localidad, cultura, idiosincrasia, se genera la cultura del encuentro. Creo necesaria diseñar una nueva narrativa para oír la voz del migrante, no solo la voz de la nación de llegada, sino la voz del migrante, quien tiene mucho que decir en su experiencia de vida, es una voz autorizada que abre un contexto de acercamiento y de responsabilidad. 

En la campaña actual de Caritas Internationalis, “compartiendo el viaje”, se hace necesario el diálogo sin mediaciones con los migrantes, poder oír sus relatos, pero también los rasgos de su cultura, de lo que ha dejado. De esta manera se va acercando a lo que encuentra como novedoso, una nueva cultura, una nueva manera de relacionarse con la realidad, nuevas leyes, costumbres. Empieza una época de aprendizaje donde la cultura propia muestra sus riquezas, así como la cultura que encuentra en la nueva tierra. No debe haber imposiciones, sino un descubrimiento mutuo de las grandes riquezas humanas y culturales presentes en cada experiencia. 

4.En América Latina hay numerosos y constantes flujos de personas, sean refugiados o migrantes que salen forzadamente, ¿Cómo acompaña la Iglesia está realidad?

Hay dos lugares muy especiales para el acompañamiento. La Iglesia de salida y la Iglesia que recibe. Por ejemplo en mi país, Venezuela, se está dando la práctica de acompañar espiritual y humanamente a las personas que tienen como proyecto salir del país, algunas veces hasta económicamente se les ayuda o se les pone en contacto con grupos humanos que se encuentran en el país a donde se dirige; incluso se le notifica sobre el derecho internacional y otras normas. La Iglesia que está presente a dónde se dirige por lo general tiene programas para la atención de los migrantes que llegan, al menos en los primeros días mientras consiguen lugar, trabajo y arreglan sus documentos. 

Mediante estas intervenciones el objetivo de la Iglesia es ofrecer a los refugiados, desplazados internos y victimas de trata, una oportunidad, para recuperar su dignidad humana trabajando de forma productiva y asumiendo los derechos y los deberes de cada país, y sin olvidar nunca alimentar su vida espiritual.

La Iglesia pone a la persona humana en el centro de atención, esto coincide con las convicciones y con la preocupación de la Iglesia católica sobre la dignidad humana, donde considera la migración como un campo misionero en el que hay que dar testimonio de la Buena Nueva, sin hacer proselitismo de ninguna especie. La Iglesia nos invita a ser testigos y proclamar en estas circunstancias el significado del amor de Dios en Jesucristo para toda persona. Es su deber y la responsabilidad de llevar el Evangelio a todos nuestros hermanos necesitados, llevando a cabo con gran generosidad y sacrificio personal, que la gente llegue a conocer el amor de Cristo a través de obras sociales para acompañar al hombre en su dolor. 

5.¿Cómo la Iglesia venezolana acompaña la realidad del pueblo ante la crisis política, económica y humanitaria?

Nosotros hemos asumido el dolor de nuestros hermanos presentes en las comunidades más vulnerables y sobretodo de los padres que se han quedado solos porque sus hijos han salido del país.  También tenemos cercanía con muchos que están en el extranjero reinventándose la vida y luchando por conseguir un mejor futuro para sus familias. Igualmente hemos vivido el dolor de aquellos familiares que reciben a sus seres queridos repatriados a causa de una enfermedad, accidente u homicidio.

Nos encontramos como en el ojo de un huracán. La situación política no mejora, en todo caso pareciera que va de malas en peor. Hemos recibido el ánimo del papa Francisco para acompañar los procesos dolorosos de un país cuyo sistema político está resquebrajando todas las dimensiones de la persona y de la sociedad.

Es hecho notorio que la Iglesia siempre ha acompañado al pueblo venezolano en las diversas circunstancias que le ha tocado vivir; pero esto que nos pasa es inédito, no entendemos como un sistema de gobierno se empeña en destruirlo todo: sistema político, la economía, la constitución, las relaciones interpersonales, las creencias de la gente, su esperanza, las industrias del Estado, el poder adquisitivo de los trabajadores y pare de contar. Tenemos una hiperinflación, corrupción y especulación. El sueldo mínimo que apenas fue aumentado el día 19 de este mes, no llega a 3 dólares. La situación es dramática y esto lo hemos advertido, pero no se hace nada. 

A través de nuestras instituciones, priorizando las parroquias y las Cáritas, estamos haciendo un servicio humanitario con algunos proyectos: las ollas solidarias, los bancos de medicamentos, el proyecto Saman de Caritas para la atención de niños y niñas menores de 6 años debido al aumento de la desnutrición infantil, la atención a los ancianos que sufren por falta de alimentos y medicamentos, así como propiciar espacios formativos en áreas de aprendizaje para el trabajo. A pesar de la deserción escolar motivado a la falta de alimentación de niños, así como a la escasez de transporte público debido a la falta de repuestos, cauchos, baterías, para el transporte público, nuestras escuelas no han cerrado, se mantienen abiertas atendiendo a los alumnos que logran llegar. 

Otra área a la que servimos es la pastoral de la esperanza. Dar esperanza a un pueblo afligido, desesperanzado, abandonado por los políticos de gobierno y de oposición, un pueblo que se ha sentido usado y que ha puesto los muertos en las protestas, a este pueblo atendemos como miembros de él, porque no somos otra cosa sino pueblo peregrino por el desierto de la angustia, la desesperanza, pero con la fe puesta en Dios. El factor religioso ha sido fundamental para seguir adelante. Creer no es una opción, sino un compromiso de vida, lo que nos hace testimoniar la vida como discípulos de quien se entregó por nosotros en la Cruz. 

Como Conferencia episcopal, hemos optado por el diálogo para favorecer el bienestar y la dignidad de las personas. Esta ha sido nuestra principal preocupación. Pero cómo dialogar con quien solo quiere ser escuchado y no comprometerse a cambios pertinentes para el bien del país. Es por ello que nos hemos pronunciado en comunicados y alocuciones a modo de denuncia en búsqueda de una sociedad más justa y digna. Vamos a seguir defendiendo a la persona y sus derechos, y recordar que el valor de la persona se fundamenta en la «Dignidad humana», “que está por encima de las cosas todas y cuyos derechos y deberes son universales e inviolables” (GS. 26).

6.Centenares de venezolanos han migrado a países vecinos, especialmente Colombia, pero que también llegan a Brasil, ¿Cómo desde el Secretariado Latinoamericano y caribeño Cáritas (Selacc) han abordado este drama?

Ha habido mucha solidaridad y diría, mucha preocupación y paciencia histórica por parte de las Iglesia receptoras, en este caso la Iglesia que peregrina en Brasil. Como Venezolanos estamos agradecidos de la atención que les han prestado a miles de paisanos que han pasado a Brasil. 

Los días 24 y 25 de abril pasado, se reunieron en Bogotá, miembros de 8 Caritas que representaban los países de mayor acogida. De este encuentro surgieron varios compromisos que sensibilizaron otras instituciones de nuestra Iglesia incluyendo enteras Conferencias Episcopales. En ese encuentro donde estuvo la presencia de Caritas Internationalis, la Red Clamor y las hermanas Scalabrinianas, se deliberaron sobre los problemas que tienen los venezolanos al llegar a los países y otras propuestas para su atención. En ese encuentro se hizo un llamado a distintas instancias:

a. A los Gobiernos, diversos poderes del estado, políticos y a todos los servidores públicos a reconocer a todas estas personas migrantes como sujetos de derechos, según los mecanismos de protección internacional.

b. A los ciudadanos y a la sociedad civil para que acojan fraternalmente y no estigmaticen a las personas que emigran, siendo conscientes que ellas y ellos no son responsables de las situaciones que ocasionan estos procesos migratorios.

c. A los medios de comunicación para que con el poder que tienen transmitan mensajes amables y acogedores que sensibilicen a las ciudadanías para reconocer el valor de la interculturalidad y la integración.

d. A los miembros de nuestra Iglesia para que, desde una conversión permanente e inspirada en los principios y valores del Magisterio del Papa Francisco, nos comprometamos en la campaña “Compartiendo el Viaje” acogiendo, protegiendo, promoviendo e integrando a las y los migrantes venezolanos.

En casi todos los países de acogida las Caritas se han activado y comunidades religiosas como las hermanas scalabrinianas, están atendiendo en distintas áreas a los migrantes venezolanos, en la acogida, en la orientación legal e incluso en la búsqueda de un trabajo digno. Igualmente las Diócesis fronterizas se han organizado para dar atención a quienes pasan y se detienen en ella. La denuncia también ha estado presente debido a los abusos y los riesgos de violencia que tantas veces se presentan en quienes migran. Nuevamente debo recordar que las Caritas asumen los cuatro verbos propuestos por el Papa francisco: Acoger, Proteger, Promover e Integrar a los migrantes y Refugiados. 

7.Se estima que cuatro millones de venezolanos han salido de su país, siendo Brasil uno de los destinos, ¿Que sugiere usted al pueblo brasileño en cuanto a la cultura de acogida?

Lo primero y fundamental es que quienes migran desde Venezuela lo hacen porque realmente sienten necesidad de rehacer sus vidas y de ayudar a quienes quedan en el país. Los Venezolanos no tenemos vocación de migrar, por el contrario siempre nos hemos distinguido en acoger a las personas de otros países, así ha sido siempre. Si se sale del país es porque las condiciones económicas, sociales, de seguridad personal y jurídica no permiten vivir. Es algo de vida o muerte para millones de personas. 

En segundo lugar, los venezolanos somos personas pacíficas, muy trabajadoras, poco nos gusta pedir, si lo hacemos es porque estamos en el extremo de nuestra situación vital; por lo que pueden contar con la responsabilidad presente en los venezolanos en su mayoría. No nos gusta ganar el pan gratis, sino con un trabajo digno.

En tercer lugar, quien migra es un ser humano necesitado de seguridad, que lleva en su alforja una gran riqueza cultural, de tradiciones. Muchos de los migrantes venezolanos son jóvenes, en su mayoría profesionales de todas las áreas que podrán hacer una buena labor en bien del desarrollo local de donde se encuentren, por lo que pueden contar con ellos. No digo con esto que es la perfección, también han migrado otro tipo de personas; pero la mayoría son personas formadas y con ganas de trabajar y desarrollarse personal mente. 

En cuarto lugar, pediría se les apoyara en todo lo legal y en su ubicación territorial, para que puedan hacer su adaptación más viable y servir en la localidad donde le sea más viable. Al lado de esto que puedan expresar libremente su fe, que en su mayoría es cristiana católica, algunos con experiencia como catequistas o miembros de alguna pastoral. 

8.¿Qué le dice usted a las personas que se resisten o temen acoger, proteger, promover e integrar a migrantes y refugiados o a aquellos gobernantes que levantan muros?

Desgraciadamente es más fácil levantar muros que crear puentes, y esto a pesar que son conscientes que es más necesario un puente que una pared.  Los puentes se sostienen en el dialogo abierto y no impositivo. Así surge la necesidad del diálogo entre personas de culturas diversas en un marco de pluralismo que vaya más allá de la simple tolerancia y llegue a la simpatía. Una simple yuxtaposición de grupos de migrantes y autóctonos tiende a la recíproca cerrazón de las culturas, o a la instauración entre ellas de simples relaciones de exterioridad o de tolerancia. Hay que afirmar desde la encíclica Pacem in terris, que toda persona tiene derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia médica, y finalmente los servicios sociales indispensables. 

Debemos recordar que este mundo está hecho para todos y todas, que las fronteras son líneas imaginarias para un ordenamiento, pero no para el impedimento de realización de los seres humanos. Un migrante es un ser humano que tiene de por sí dignidad sin importar la raza, el color, el credo o ideología. Todos poseemos esa dignidad primera que nos hace cercanos, hermanos, coparticipes de una historia común en el mundo. Un migrante es alguien que interpela tantas veces la comodidad y hasta la falta de motivación por lo novedoso, por entrar en una nueva dinámica cultural que se abre al pluralismo, a la tolerancia. ¿A qué se le teme?. Ampliar los horizontes es más gratificante que cerrarse a vivir “más de lo mismo”. Por eso vemos caras de felicidad en tantas personas que salen a acoger a personas que han sufrido el camino peregrinante de dejar su historia, familia y seguridad, para adentrarse a algo nuevo, a nuevos retos y desafíos. Son aprendizajes comunes. 

Creo también que hay que pensar en lo que es justo o injusto. Cuando un ser humano sufre lo justo nos dice que debemos atenderlo según nuestras posibilidades; lo injusto sería cerrarnos a dar esa ayuda, a bloquear la solidaridad. Considero que un mundo nuevo se da cuando recibimos al otro con una actitud propia, de alguien que entra en mi historia de vida. Esto no es fácil, pero tampoco imposible. Por lo tanto, seamos solidarios y no pongamos traba a la caridad.

9.¿Qué le pide usted a la comunidad internacional respecto a la situación venezolana que cada día pasa empeora?

La Comunidad internacional ha jugado un rol protagónico en el caso de nuestro país, considero que debe seguir insistiéndole al gobierno nacional el cumplimiento de la Constitución Nacional, de los Derechos Humanos y de los derechos que tiene el pueblo Venezolano de vivir en paz, tener una buena calidad de vida, tener libertad, tener acceso a alimentos y medicamentos, y que las instituciones del Estado funcionen independientemente y al servicio del pueblo y no de un régimen que ha acaparado todos los poderes. 

Nuestro país ha sido saqueado en estos últimos años, son muchos los que se han enriquecido bárbaramente y mantienen sus riquezas en distintas naciones, lo justo es que estas personas sean cuestionadas y sancionadas, así como bloqueadas sus ingentes fortunas mal habidas, que en el futuro puedan servir para mejorar las condiciones de vida de los más pobres, porque ha sido dinero del Estado, del pueblo Venezolano, que debe regresar a su fin primario. Lastimosamente en nuestro país hay una impunidad muy marcada y, por ende, a nivel nacional no se hará mayor cosa.  

La comunidad internacional debe seguir apoyando aquellas instituciones que están trabajando en el ámbito humanitario, atendiendo a los más pobres, así como a quienes promueven una verdadera democracia con valores. 

Desde luego, corresponde a los gobiernos regular los flujos migratorios, respetando plenamente la dignidad de las personas y las necesidades de sus familias, y teniendo en cuenta las exigencias de las sociedades que acogen a los migrantes. A este respecto, ya existen acuerdos internacionales en defensa de los migrantes, así como de cuantos buscan en otro país refugio o asilo político. Son acuerdos que siempre se pueden seguir perfeccionando.

 

Por Osnilda Lima - Red de Comunicadores/as de Cáritas Brasileña 

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